Uno
Yo sé que esa tórtola
no canta para mí
ni que es tierra en la lengua
decir adiós
pero si cerrara los ojos
y me fuera a cualquier lado
si atravesara el brillo de lo más hondo
prométeme que iremos juntos hasta la orilla
que está en su lamento
y que me darás a probar ese gustó a lágrima
que tiene la palabra olvidoLuis Alberto Crespo - Mediodía o nunca
** Los secretos no existen, nunca han existido. Quien sostenga que ha vivido con uno, miente, porque ningún secreto se soporta por mucho tiempo y mientras esto sucede éste allana su propio nombre: se convierte en una complicidad falsa, peligrosa.
** Guardar secretos es un acto de infidelidad. Adornarlos para hacerlos público podría ser considerado como un ataque de inteligencia, si no supiésemos que se trata de un secreto, que como todos forma parte de la idiotez.
Alberto Hernández - Poética del desatino
Severo acto de amar
si severo es el acto de amar
más severo aún es el acto de olvido
que nubla lo visible
y suena muy lejos la vuelta de las aguas
cuando todo se ha incendiado
solo queda ese buque
desprovisto de estupor
donde me forjo nuevamente para el próximo actuar
dejaría dicha la palabra futura
poco antes de ser disuelto en el aire
desde arriba la casa parece sola
pero no era válido voltear
hacia la línea extrema que bordea la noche
allí el cuerpo es un pálpito íntegro y sin mora
que participa y se afinca al llegar a tierra
jadea y no cede su lugar
mientras dure el redoble y la gente aplaudaFrancisco Liccioni - Poesía (67)
Otro suicida
El arnés podía colocarse debajo de la camisa. Luego la cuerda saliendo por detrás, una vuelta falsa en el cuello y visto de frente parecía que se había ahorcado. Así quiso jugarle la broma a Pina; así se la jugó. Ella gritó al verlo así, cayó al suelo llorando. Fue tan hermoso su dolor que él, para no echarlo a perder, dejó de respirar.
Rafael Victorino Muñoz - Pre-textos
Dejamos de anudarlo todo
impasibles
en la hora del mirar centrado
entonces fuego
entonces arder azul
serpenteandoEdda Armas - Corona mar
Herida
A mi padre, i. m.
A cinco años de tu muerte, a la sombra
de una ceiba que refresca la tierra que te esconde,
me pregunto si habrá manera de aliviar
tanta tristeza, tanto dolor, tanto naufragio.
Si el brandy más fino o el escocés más escaso
sanarían los bordes de esta herida que te abrasó
en los momentos más oscuros, cuando dabas voces
y gesticulabas frente a la costa abrupta de Cumboto.
Es una tarde calurosa de diciembre. Los vientos
del norte se han demorado. Los fuegos del verano
rodearon con sus negros el viejo cementerio.
Una rosa amarilla es todo lo que roza tu piel blanca.
Cada pregunta es un vacío. Tus delgados labios
no se mueven. Tu mirada sigue fija, perdida.Alejandro Oliveros - Tristia
Nos llenábamos de pesadumbre y amores y no sabíamos de geometría. El trayecto hacia el colegio era tortuoso, con una cruz de muerto en la mitad del cerro. Una línea así… Y otra así… Como un zamuro o una tijereta. Las cruces siempre se detienen en el cielo. Como las cruces de los navegantes. O en el suelo. Como las cruces de ceniza que hacíamos los muchachos pobres para impedir la lluvia. Nosotros no teníamos barcos. Sólo teníamos volantines, llamados papagayos o barriletes en otras altitudes y esperábamos profundizar el cielo, tal como los arcángeles y serafines, tan llenos de nubes y poca rectitud.
La cuerda no era recta. Se cambaba. Los primeros de clase hacían las cosas perfectas. Sacaban veinte. Uno era todo tortuoso de catarros y de trompos. Uno ensayaba círculos y el hilo llamado curricán hacía sus enredo en la mata de cují. Basta de juegos. No logramos líneas rectas porque los ratones y los duendes se la pasaban subiendo de un lado para otro. En el techo del cuarto se aglomeraban los disparates de la pintura. Caballitos espitados, decía mi hermano —brujas de media noche, decía mi tío—. Por eso cuando veo que estas líneas del almanaque se hacen perfectas yo las admiro, porque nunca vi líneas así. Yo quise recibir este regalo. Y aquí tengo las líneas como vías de tren en las películas. Como el teorema de Euclides en bachillerato. Como el laberinto de rectas y números en Hermes Trimegisto. Como Eria, hija del maestro Telmo, quien pensó, que como estábamos tan cerca, la línea recta era la distancia más lejana para poner a prueba el corazón.
Adriano González León - Linaje de árboles
Noche no lo intentes otra vez
Cerrada la oscuridad sólo nos guía el viento
Desde que aprendes cómo se mecen los tallos
Los ojos sí mueven lo secreto
el humo blanco donde estéEdda Armas - Corona mar
Caracas
Tan altos son los edificios
que ya no se ve nada de mi infancia.
Perdí mi patio con sus lentas nubes
donde la luz dejó plumas de ibis,
egipcias claridades,
perdí mi nombre y el sueño de mi casa.
Rectos andamios, torre sobre torre,
nos ocultan ahora la montaña.
El ruido crece a mil motores por oído,
a mil autos por pie, todos mortales.
Los hombres corren detrás de sus voces
pero las voces van a la deriva
detrás de los taxis.
Más lejana que Tebas, Troya, Nívive
y los fragmentos de sus sueños,
Caracas, ¿dónde estuvo?
Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,
ya no se ve nada de mi infancia.
Puedo pasearme ahora por sus calles
a tiendas, cada vez más solitario;
su espacio es real, impávido, concreto,
sólo mi historia es falsa.Eugenio Montejo - Terredad
This is a mule disguised as a library. He brings books and literacy to children in remote Venezuelan villages. Mules like him are called Bibiliomulas and they are perfect.
