Librerío

Just a whole bunch of books!

04 Mayo

Crónica aburrida 28: Turrón de almendras

cronicaaburrida:

Ella buscaba la sombra, se sentía segura allí. Encendió un cigarrillo tranquila, y mientras inhalaba el tabaco se soltaba el sostén sintiendo que su espalda y pecho se liberaba del stress del día. Se quedó así, con sus pechos al aire mirando por la ventana. Aunque estaba desnuda no sentía frío, tenía más bien pereza. Afuera había dejado de llover, y lo que quedaba en la calle mojada era uno que otro borrachito y la poca gente yendo a resguardarse en sus jaulas temporales.

Exhaló el humo.

Buscó un cenicero, pero recordó que lo había roto hace días, cuando por una rabieta lo destrozó contra la pared. Pared que aún tenía la prueba del delito. Testigo no sólo del crimen del bonito cenicero azul de vidrio, sino también de las noches de placer que con gemidos entrecortados presenció en silencio.

Tomó un plato.

Recordó con sorna todas las vulgaridades que se dicen en la cama, algunas ideales, otras cliché. Trató de rememorar rostros, pieles y cuerpos, pero sólo podía atinar a caricaturizar sus partenaires de turno. Se rindió al cabo de un momento, mientras prendía el televisor.

Apagó el cigarrillo.

Los programas se reflejaban en su cuerpo, iluminaban sus curvas al pasar ella canal por canal, de una forma metódica. No se fijaba en nada en particular, sólo en colores, en formas; tanteaba en la oscuridad, sin fijarse, como una persona miope buscando sus lentes. Al rato, por fin, dio con la caja de cigarrillos y el yesquero.

Encendió otro.

Le vino a la mente la última vez que tuvo un orgasmo, ella yaciendo con sus piernas en cada hombro de él, paladeando la arremetida que rítmicamente los unía. La cama chirriaba de un lado más que otro, pero siempre se le olvida ver cómo puede arreglar eso.

Se echa en el suelo.

Cuando él tuvo su orgasmo y los dos fumaban y veían al techo y a veces a ellos, ella le preguntó por que se quedaba extasiado viendo su tez muy blanca, con esas pecas adornando como constelaciones desconocidas su piel. Él le respondió que parecía un turrón de almendras y que ella misma era así, dura, firme y se derretía dulzona al rato en su boca.

Se acostó.

Hurgaba en el techo esas sensaciones, esas palabras que se dijeron y otras que se callaron. Apagó el cigarrillo y se estiró en la cama. Ya estaba en ese estado en que no se está despierto ni dormido. Pensó en algo importante antes de caer dormida.

Duerme.

Lo que ella no sabe, es que cada vez que vea un turrón de almendras, morirá un poquito cada vez más de la excitación. Es así como se dañan algunos placeres y se crean otros.

(Obra: ¿Qué haces con las sombras sobre ti?. Sumi-e).

22 Abr sereinmortal:

Desmemoria
© Erika Kuhn
Con todas mis vidas recuerdopor qué olvido. Alejandra Pizarnik

sereinmortal:

Desmemoria

© Erika Kuhn

Con todas mis vidas recuerdo
por qué olvido.

Alejandra Pizarnik